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Noches de Neón

Álex:

Cómo debían ser tus días para pasar tus noches en un prostíbulo, con las luces de

neón, las chicas de sal y limón, las bebidas de frenesí y los polvos intermitentes,

interminables, agotadores y que te explosionaban hasta que el placer cegaba tu

cartera.

 

Te encantaba el humo de la locura, el sabor del vicio y el placer de las palabras vacías

que resonaban con cada beso, cada movimiento y cada caricia cuerpo a cuerpo, barra

a barra.

Cuando caía la noche, en cuanto sentías que tenías mucho ruido en tu cabeza y te

quemaban tus pensamientos, te levantabas del sofá, dónde pasabas tus ratos de

soledad con la mirada perdida en el silencio, y te ponías delante del espejo. En ese

momento eras muy duro contigo mismo.

 

En tu más sincero ser sabías que nunca nadie te iba a querer de verdad y por eso

preferías  gastar tus ganas en mujeres discontinuas. Esas que llenaban tu entrepierna

pero no tu alma.

Te mirabas, tratabas de disimular que no estabas mal, observabas detenidamente tu 

reflejo, te esforzabas una y otra vez en querer ver algo positivo, pero en el mapa de tu

cuerpo tan sólo había heridas. Y aunque tú no tenías toda la culpa de ellas, te sentías

tan pequeño que acababas desapareciendo de ese cristal. Te difuminabas en todas

esas sensaciones de abandono, soledad y tristeza que te pesaban en esos hombros

cansados de luchar por un poco de visibilidad que nunca llegaba porque las personas

como tú no gustan.

 

Así que vestías todos esos miedos, te ponías esa colonia con mucho amor, todo el que

esperabas recibir de cada noche, aunque supieras que era de mentira, y te calzabas tus

 mejores ganas para salir a la calle. Y salías, aunque te costaba, y caminabas por esas

calles de purpurina que sabías que te iban a llevar a tu felicidad de reloj de arena.

Porque sí, eras feliz a ratos, seguías vivo, tenías aliento y no tenías motivos para

dejarlo de hacer.

 

Entrabas vacío y salías vacío, pero al menos sonreías al pensar que por unos segundos

habías sentido algo más que soledad.

Cuando te conocí pensé que eras una persona un poco extraña, que habías hecho un

personaje de ti mismo y que no eras realmente tú. Pero con el tiempo, Alex, he

descubierto que en realidad era tu forma de mostrarte al mundo, de tapar esas

lágrimas de vidrios que se rompían cuando salían de tus ojos  y que sólo querías

sentir que encajabas en algún lugar.

 

Siempre pensé que eras una víctima de esta maldita sociedad clasista,

prepotente e injusta, porque dentro de tus ojos se podía leer perfectamente todo lo

que te pasaba, lo decepcionado que estabas por sentirte apartado del mundo por no

ser como se suponía que debías ser. Como los estereotipos marcaban y las chicas

deseaban. No eras un hombre besable, deseable, apetecible, y lo sabías, eras

consciente de ello.

 

Pero te equivocabas, eras todo eso para la gente superficial que

siempre buscaba lo mismo, y tú eras mucho más de lo que imaginabas, tenías eso que

hoy escasea y no se estila, tenías corazón, eras auténtico y bueno. Aunque tu alma,

pobrecita, era de papel, de ese papel fino que si se moja se deshace. Y yo lo sabía.

Por eso, al salir de trabajar, siempre te decía que te quedaras un rato más hablando

conmigo, era fan de verte sonreír y quería que sintieras el calor de lo que era que le

importaras a alguien. 

 

Pero tú siempre decías que no. La gente era cruel contigo pero

yo quería ser esa amiga que te hiciera cambiar esa ropa triste, esos zapatos de

tormenta…

 

Pero quizá no llegué  a tiempo, quizá no hice suficiente, no sé… quizá, si me hubieras

dicho que sólo querías ir a bailar y pasar una noche diferente, lo hubiera hecho,

hubiéramos bailado hasta ver salir el sol, pero ahora ya no hay sol para ti.

Y sólo estoy yo leyéndote esto como una idiota y llorando porque ya no vas a volver a

caminar por tus calles de purpurina. Sé que igual no te sirve de nada, pero he

subrayado toda la carta con fluorescentes de colores , por si así,  estés donde estés,

puedo recordarte esos carteles luminosos que tanto te gustaban de tus noches de

neón.

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